Los que nacimos en el invierno del 59 vinimos al mundo en medio de temporales. Los anales cuentan que aquel año las borrascas se sucedieron ininterrumpidamente desde los primeros días de octubre hasta casi la primavera.

Así lo atestigua D. Álvaro Cunqueiro con su colorida prosa en un artículo publicado el 22 de diciembre de ese año  en el Faro de Vigo, donde, ufanándose de  sus proezas  jardineras, escribe:

“Han venido este año los temporales, pero el agapantos de mi huerto se ha mantenido bien florido, y si poderosos árboles han sido tronchados por la furia mugiente del temporal, los frágiles tallos del agapantos han resistido las violentas inmisericordes ráfagas.”

Y así lo constatan los archivos de la fábrica.

En aquellos años  el cultivo de mejillón en bateas todavía  era algo novedoso y  D. Antonio se encontraba entre los primeros en apostar por ese método de producción que comenzaba a cambiar el paisaje de la ría. La empresa llegó a disponer de hasta diez bateas para abastecimiento de la factoría, a las que prestaban servicio dos embarcaciones, el Alvarito y el Antonio María. Por aquel entonces las bateas estaban lejos de las eficientes estructuras actuales, por lo  general  consistían en viejos  cascos de barcos  sobre los que se disponían vigas y ristreles de eucalipto formando una retícula a la que se procuraba robustez mediante tirantes de acero sujetas  a  mástiles. Estos armatostes eran poco fiables y no era raro que con mal tiempo se soltaran de sus amarres y acabaran varados en las playas o se fueran al fondo desbaratadas por la fuerza de las olas

La entrada del libro de cuentas de las mejilloneras de aquel  31 de diciembre no puede ser más elocuente  :

-Sobrino (ferretería) 53.60 mt tubo de goma para intentar levantar batea  hundida y que fuera para Villamayor   …… 2.680

-Sueldo de J. Jueguen por salvamento …….1.500 (seguido por otros 5 nombres por igual cantidad y concepto)

-Gratificación por salvamento … 400

-Gas-oil  gastado en remolques  y(500l) búsqueda de las bateas a la deriva…… 1.025

Por las cifras reseñadas parece claro que los temporales en aquellos tiempos, además de servir de inspiración a los literatos tenían otros efectos más ominosos.

Cunqueiro remata el artículo con su peculiar bonhomía

“Pero no quiero poner cara seria, que llueve y que ventee, un hombre pacífico, callado y crédulo como yo, ha de ponerle a los días cara alegre.”

Quiero creer que D. Antonio , hombre callado y creyente como era, también pudo poner al mal tiempo buena cara; bien considerado,  el vendaval que le llevó las bateas le había traído  un nieto.

 

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