Revolviendo en los viejos papeles siempre aparecen cosas curiosas, restos venerables.  Como esta simple hoja mecanografiada que reproducimos y que recoge la relación de las  aportaciones y gastos de una fiesta celebrada el 2 de Junio de 1956.

¡Y hay quien se acuerda!, se trataba de la comida con la que anualmente se celebraba la conclusión de los trabajos de la temporada de salazón de sardina y que tenía lugar  en el patio de la propia factoría de salazón que compartían los hermanos Antonio y Luis Pérez- Lafuente en el barrio de Villamayor. Del porqué se llamaba “Fiesta del Ramo” aún  no me han dado razón.

Sucinta como es, la relación aporta jugosos datos sobre la forma de festejar en un país que lentamente iba superando las penurias de la posguerra. Échenle imaginación, no hace falta mucha, cada apunte es una pincelada. Las cocineras afanándose con la comida y los dulces, los hombres desollando la pobre cabra y preparando el espeto, los más jóvenes atareados con el engrudo y las banderitas, alegrando el  patio. Las botellas ya están sobre la mesa, buena provisión de tinto, y blanco para “los piscolabis”, alguien pregunta por el acordeonista…., poco a poco se va pintando el cuadro.

Pero lo realmente entrañable, valga la expresión, es la comedia de los regalos. Regalos importantes, no simples detalles, se va a Villagarcia a comprar la plata y se organiza   una embajada de cuatro delegados, para la entrega de los presentes.  Y  “los Jefes” responden, se colabora con dinero y vituallas, se devuelven las aportaciones; toda una parafernalia, nos parece que estamos asistiendo a una representación, a la escenificación de un ritual.

Paternalismo dirán unos, reminiscencias del régimen servil para otros, pero la cosa no es tan sencilla; ni  la referencia “Regalos para los Jefes. Plateria” denota sencillo agradecimiento o mero servilismo, ni las “2.000 pesetas, una botella grande de ponche y una caja de galletas”  simple filantropía. Mas bien sospecho que era una manera de afrontar la complejidad de las relaciones laborales en una época difícil, y lo que se buscaba indirectamente era mantener la apariencia de paz social, sin permitir que los antagonismos que sin duda permanecían latentes, aflorasen como  conflicto abierto.

En cualquier caso, y con la condescendencia que da la distancia, preferimos volver a los detalles, y aquí me asalta una duda, ¿que eran las bolas de nieve?

FIESTA DEL RAMO